Siempre me ha interesado la política y de política, he discutido mucho, demasiado a veces; sin embargo, nunca me había atrevido a escribir sobre ella.
No sabía, al iniciar este blog, si me atrevería a hablar de estos temas; es muy difícil expresarte bien sin pasarte de rosca y es muy fácil que no se te entienda o que no se te quiera entender.
Por eso me está costando horrores encontrar el tono adecuado para escribir sobre estos asuntos; el cuerpo te pide crítica, pero el papel no la resiste.
Primero voy a situarme.
Desde que comencé a interesarme por los asuntos políticos, siempre he pensado que la razón, en general, estaba en las ideas de izquierda.
Que las formulaciones progresistas se irían imponiendo de forma lógica y natural y que, con el paso del tiempo, acabarían arraigando en la sociedad.
Y, de alguna forma, así ha sido a pesar de los numerosos obstáculos que han puesto los sectores sociales más conservadores, de los que adelanto que no pienso hablar en mis entradas porque no me interesan.

La mayoría de la sociedad ha ido admitiendo, de forma bastante más natural de lo que muchos pensaban, que se consoliden derechos, como al aborto, a la igualdad e incluso a la eutanasia.
Pienso que esto ha ocurrido porque, sociológicamente, es mayoritariamente de centroizquierda, entendiendo, claro está, que ahora la derecha no está en el centro, está muy a la derecha.
¿En qué me baso para decir que el centro-izquierda es mayoría?
Las audiencias radiofónicas.
Como muchos jubilados, soy un ferviente oyente de radio, ya lo he dicho muchas veces, y dado el ambiente político dominante, creo que es muy reveladora la emisora que escoges para escuchar. Por eso he modificado la entrada para incluir los datos de audiencia actualizados. Mi asistente me informa que:
Según los últimos estudios de audiencia publicados tras la 2ª ola del Estudio General de Medios (EGM) en julio de 2025, los índices de audiencia de las principales emisoras de radio generalistas en España sitúan su consumo diario en máximos históricos, superando los 13,8 millones de oyentes diarios.

Creo que la ubicación de las emisoras en cada columna es autoexplicativa y la diferencia de un millón y medio de oyentes también. Yo soy oyente de Radio Euskadi y de la SER y pienso que a una persona de derechas le saldría un sarpullido al escucharlas.
Me imagino que lo mismo me ocurriría a mí al escuchar las emisoras de la columna derecha, así que, por si acaso, no lo hago.
Los resultados electorales.
También le he pedido a Perplexity, últimamente estamos muy unidos, los resultados de las últimas 10 elecciones españolas al congreso de los diputados para intentar hacer un poco de politólogo o de tertuliano y justificar mi afirmación anterior.
La verdad es que en un pispas tenía elaborada otra hoja de cálculo que me ha resultado, sorprendentemente, muy clarificadora, más que las audiencias radiofónicas.
En un resumen de los datos de la tabla, he agrupado como derecha los votos del Partido Popular+ Ciudadanos+ UP y D + Vox y, en la otra columna al resto, a los que yo considero el conjunto de centro+izquierda+nacionalistas, y el resultado es el siguiente:

Una sorpresa inicial ha sido comprobar que, desde el año 96, los votantes se han mantenido siempre en un entorno de 25 millones a pesar del aumento de población producido. Alguna explicación tendrá, pero no es objeto de esta entrada.
Por otro lado, como suponía, si bien me ha sorprendido positivamente la diferencia, se constata que somos muchos más los que no somos de la derecha conservadora; nada menos que un promedio de más de 4 millones de votantes.

Las derechas, a pesar de que mantienen su promedio e incluso están ahora por encima de él, siempre han estado muy lejos de representar a la mayoría de los votantes.
Solo en la debacle del año 2011 hubo un cierto equilibrio entre la derecha y todos los demás.
Sin embargo, ÚLTIMAMENTE la diferencia está disminuyendo.
En el 2023, 1.459.578 personas dejaron de votar al conjunto de las opciones de centro-izquierda respecto al promedio de los que les han ido votando a lo largo de los años, mientras que las opciones de derecha subieron 704.789 votos respecto a su promedio.
¿Y quién es culpable de que la diferencia disminuya?
Yo lo tengo muy claro.
Son esos sectores de esa «izquierda auténtica» en los que siempre pasa algo, o se desaniman, o se dividen, o se enfadan, o lo dejan, los que han conseguido, en las últimas elecciones, desanimar a casi un millón y medio de personas que en algún momento votaron a alguna de las opciones partidarias del progreso.
Las críticas me salen a borbotones, pero, dado el principio que rige esta categoría (muchos opinan, pocos analizan) necesito dotar de algún sentido y de estructura a las entradas antes de su publicación, cosa, que como decía, me está costando una barbaridad.
¿Qué pretendo entonces con las entradas de esta categoría?
En las entradas de esta categoría pretendo analizar, y en cierta medida desmontar, qué hay de cierto en algunos principios del «pensamiento políticamente correcto» de algunas de esas «izquierdas auténticas» y reflexionar así sobre algunas de las causas de la creciente disminución de votos.
Pretendo evidenciar que la política de izquierdas tiene que adaptarse a la realidad del siglo XXI y asumir que, como en ciencia, se avanza poco a poco y, sobre todo, con mucha investigación.
Que debe comprender que no se puede cambiar el mundo tomando el poder y haciendo una revolución desde arriba, como se pensaba en los 60 y 70, que el mundo no se deja cambiar así como así, pero que sí se puede mejorar.
Que debe comprender que, como también en la gestión, lo que funciona es la mejora continua, aunque sea menos apasionante que las rupturas radicales que muchos y muchas “adolescentes de más de cincuenta años” añoran.

Que hay que explicar mucho más, mejor y con más humildad, las dificultades de las cosas, porque somos muchos y muchas los que ya sabemos cuáles son los problemas actuales, efectivamente cada vez más, porque queremos más, pero también sabemos que son problemas enormemente complejos y difíciles de solucionar. Los fáciles ya están resueltos hace tiempo.
Que no se puede ni se debe estar continuamente dando una visión catastrofista y distópica de la situación social o política para «despertar conciencias» y ganar votos.
Que eso es de otra época y solo genera indiferencia o peor aún, rechazo visceral por tratarnos como tontos manipulables.

Por eso, como digo, en las entradas de esta categoría, intentaré analizar, dentro de mis limitadas posibilidades, muchos de esas anticuadas y viejas exageraciones que se han convertido en dogmas asumidos todavía por algunos sectores de esa izquierda.
Algunos temas que, de momento, se me han ido ocurriendo serían:
- Ver qué hay de verdad en ese creciente y pavoroso aumento de la desigualdad y la pobreza con el que continuamente nos asustan, sin matizar dónde y cómo, y que a personas que hemos vivido más de setenta años nos resulta tan difícil de aceptar. Comprobar qué y cómo se actúa para evitarla.
- Comprobar qué fundamento tiene uno de sus grandes éxitos: “Esta es la primera generación que va a vivir peor que sus padres”. Ha tenido tanto éxito que es, probablemente, uno de los principales motivos del crecimiento de la extrema derecha entre los jóvenes.
- Confirmar la veracidad de esas continuas referencias al actual problema de la vivienda como si fuese el peor momento de los últimos 50 años.

- Ver qué sentido tiene afirmar que hay que potenciar el cambio de mentalidad de la gente para que opte por la vivienda de alquiler en lugar de por la de compra.
- ¿Por qué se habla del problema de la vivienda como si fuesen unos pocos los que explotan a muchos, cuando la realidad es que la gran mayoría de quienes alquilan y venden viviendas son (somos) particulares?
- ¡Por qué toda la vida con el Ez, Ez, Ez, zentral Nuklearik Ez! y ahora todo son problemas para instalar renovables y aparecen plataformas en contra como setas para no estropear nuestros montes plagados de preciosos pinos.
- Renovables, sí, pero no así. Renovables, sí, pero no aquí. Transgénicos No, TAV tampoco. Ojo con la IA que nos deja sin trabajo. ¿De dónde viene esa visión catastrofista respecto a la tecnología por parte de alguna izquierda?

- Hacer bandera de la defensa de la administración pública en todo tipo de prestaciones de servicios sociales, para luego poner a gestionarla y a dirigirla a sus cuadros políticos, igual que todos los demás, contribuyendo así a su ineficacia como comento en la primera parte de este blog. ¿Por qué no piden una financiación suficiente para mantener su estructura y potencian la profesionalización de la gestión pública? Ese tipo de cosas pediría a una izquierda y cuánto ganaríamos.
- Y si hablamos de política no digamos. Ahora, unos «jóvenes» nos dicen que hay que revisar la transición del 78, que fue un fracaso, que se transigió demasiado. Qué sabrán ellos de como las pasamos.
- Cuando parece evidente que existe una mayoría social de corte centro-izquierda y deberíamos estar gobernados por un conjunto de partidos que representen todo ese espectro ideológico, cómo son los de “más a la izquierda” los que la lían compitiendo entre sí e impidiendo en la práctica su existencia.
- ¿Qué sentido tiene otro paradigma que ha inventado la izquierda actual: el cambio de modelo? Un cambio que vale para todo y para el que no es necesario concretar demasiado. Empezó por el cambio de modelo económico como «alternativa» al neoliberalismo, pero ahora vale como respuesta para todo: el cambio del modelo sanitario, del modelo policial, del modelo de reciclaje, del modelo de consumo, del modelo energético, etc. Vamos, ¡un gran invento! Fácil, como cambiar de coche.
- ¿Es la extrema derecha la única que propone soluciones fáciles para problemas complejos? ¿La izquierda auténtica no hace lo mismo?
- ¿Por qué lo políticamente correcto para la izquierda es hablar del avance de la extrema derecha o de la derecha extrema en lugar de hablar del retroceso de la izquierda, máxime cuando esta está gobernando?
- ¿Por qué crece la extrema derecha, incluso en zonas consideradas de izquierdas? ¿Se debe a algún fenómeno extraño o extraterrestre? ¿Sus votantes serán tontos manipulables o abducidos, o se trata de un voto de castigo por negarse a reconocer la existencia de problemas?

- Por ejemplo ¿qué hay de la visión Walt Disney que de la inmigración impone cierta izquierda, que hace que, en la práctica, no se pueda hablar de ninguno de los problemas que recaen en las poblaciones con las que convive, ya que enseguida te tachan de hereje o de algo peor, favoreciendo así su utilización por la ultraderecha que, sin hacer absolutamente nada, simplemente diciendo que el problema existe, lo que es evidente para todo el mundo, crece entre las personas menos preparadas?
- ¿La ultraderecha es realmente peligrosa aquí y en los tiempos actuales, en los que el recurso al golpe de estado militar se ve complicado, o es simplemente un chiringuito que se han motado unos pocos para vivir estupendamente? ¿Quizá no habría que hacerle tanto caso dándole tanta relevancia, o hablar tanto de ella es una estrategia de la izquierda para debilitar a la derecha? Interesante disquisición.
Intentaré reflexionar sobre estos temas y veremos cómo me sale.